Y llegué a Bolivia
El viernes llegué a Bolivia. Todo bien. Esta vez incluso también llegó mi maleta en el mismo vuelo… Todo correcto. Ninguna queja. Pero el viaje dió algunas cosas para comentar…
Volé con LAN, que es un grupo de compañías áereas de Chile, Argentina, Perú y Ecuador. El vuelo bien, la comida tan mala como en el resto de compañías, mejores pantallas que Iberia… Pero hubo algo que acaparó totalmente mi elección. Delante mío, sobre la mesita, había un cartelito con un texto que nunca había visto y tuve que leer varias veces hasta estar seguro de que era cierto. El cartelito decía:
Sí amigos. Volé en una avión que si hubiese amerizado habríamos visto la bonita estampa de ver a todos los pasajeros arrancando la parte de abajo de su asiento para usarlo como flotador… Imagino que debe ser fácil. También debe ser divertido ver la situación inversa. Un pasajero intentando arrancar el asiento en un avión que sí tiene chalecos salvavidas…
Claro, luego al cambiar de avión presté mucha más atención al video de seguridad. Y sí, sí. Parece ser que el asiento por debajo tiene dos correítas por donde pasas los brazos. Y nada, pues eso, si te estrellas en el mar a agarrarte al cojín… No sé yo… No suelo tener muchas manías para estas cosas pero, la verdad, yo prefiero el clásico chaleco que agarrarme al cojín y que me lo quite una ola. Además, un cojín de espuma tampoco debe ser que lo flote más, ¿no? Bueno, no sé. Lo habrán ‘estudiao’…
Hubo más cosas para explicar. Cerca de Quito hay varios volcanes altísimos. De más de 6.000 m de altitud. Me dijeron que al despegar estuviese atento. Y es impresionante. Cuando ya llevas volando un rato. Vaya, el justo para estar por encima de las nubes, puedes ver un volcán que emerge por encima de las nubes. ¡Es brutal! La foto no es muy buena, pero sí testimonial.
En el aeropuerto de Lima, donde tenía conexión, compré unas “Lay’s Andinas”. Que siempre hace gracia. Se ve que por toda esta zona hay muchísimos tipos de patatas. Y los de Lay’s decidieron hacer unas con una de las papas típicas de Perú. Eran curiosas, son como coloreadas por el centro en tonos lila y negros. Y de sabor, estaban buenas, pero sin nada de sal un poco sosas.
Bueno, al final llegamos al aeropuerto de La Paz. Llovía a cántaros. No había “finger”. No pasa nada pero… tampoco había autobús! Es uno de esos aeropuertos pequeños de los que todavía bajas tú solito por las escaleras y vas andando hasta la terminal. ¡Me encantan! En fin, solución: viene un señor con un cubo lleno de paraguas y va entregando uno a cada pasajero. Cuando llegas a la terminal lo devuelves y otro señor vuelve a llevar los paraguas al que está en la escalera. ¿Que no os lo creéís?
Y ya para acabar. Una de esas cosas que me hacen muchísima ilusión. Aterrizamos en el aeropuerto de El Alto, el aeropuerto de La Paz que está a más de 4.000 m de altura!! Es el aeropuerto situado a más altitud del mundo. ¡Me encantan esas cosas! Y el tema sigue. Porque del aeropuerto bajas a La Paz, 3.600 m de altura, la capital más alta del mundo! ¡Aquí hay mogollón de records así!






Y qué me dices de ese semáforo que tienen en el aeropuerto de La Paz para ver si te toca o no que te abran y te inspeccionen la maleta?? Te salvaste? yo las dos veces que estuve me salvé, pulsé y verde, para dentro,
me alegro de que estés disfrutando tanto el viaje, ¿cuando vuelves? organizaremos una cenita finanzas CAH para que nos cuentes,
besos
pepa
Ah! Era para eso! Yo pensaba que era para desactivar los rayos X del arco de seguridad. Yo también me libré. Venga esa cena!